“Yo soy y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”
José Ortega y Gasset,
Meditaciones del Quijote.
05/05/26
Muy recientemente fuimos testigos, en primera instancia, del feminicidio de dos jóvenes estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), en un lapso no mayor a diez días –asumimos que no son los primeros asesinatos, secuestros o asaltos que ha vivenciado nuestra comunidad universitaria—; en seguida, atestiguamos también que, durante las dos más recientes administraciones, el silencio torpe, por decir lo menos, ha sido la opción que han tomado las autoridades universitarias en aras de mantener una “sana relación” con quienes dicen gobernar tanto la entidad federativa como el ayuntamiento de Cuernavaca, de modo tal que se proponen, de esta manera, disponer de los recursos necesarios para afrontar las responsabilidades financieras que implica dirigir esta institución, desde luego a cambio de ese “silencio cómplice”, por omisión; asimismo, la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), subordinada supinamente ante las autoridades universitarias y gubernamentales, mantuvieron un silencio colaborador esperando en su momento recibir las “migajas” que le otorguen un “poder” pírrico y engañoso; por su lado, las direcciones sindicales de los trabajadores administrativos y académicos mantuvieron una postura similar a la de las autoridades y la FEUM. El “mensaje” era muy claro: “Calladitos nos miran y nos miramos bonitos”. Pero todavía más, podemos documentar que el Secretario General de lo que en sus orígenes era un Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos (SITAUAEM) ha sido transformado en un sindicato, un coto de poder, subordinado a los intereses del gobierno en turno y al servicio de su “líder sindical neocharro” y éste, a su vez, se comporta como si fuese autoridad universitaria.
Mientras quienes dicen conducir los derroteros del estado de Morelos, del Ayuntamiento de Cuernavaca, de la Universidad, de los sindicatos universitarios y de la FEUM miraban hacia otros lados y restaban la importancia a estos sucesos lamentables y deleznables, grupos de estudiantes universitarios, ajenos a la FEUM, a las autoridades universitarias, a diferentes instancias de gobierno o a los partidos políticos, miraban con horror no solo los feminicidios, la violencia y la inseguridad que nos agobia, sino que aún, estupefactos, no podía dar crédito a lo se observaba claramente y admitir ese “silencio bastante parecido a la estupidez” o, literalmente dicho, ese “silencio cómplice por omisión” de las autoridades como destino o consigna.
Bajo el sino de tales circunstancias se dieron a la tarea de alzar la voz, de gritar nuevamente: “¡ya estamos hasta la madre!”, de salir del campus universitario a protestar y exigir un “basta al silencio”, reclamar justicia y, sobremanera demandar seguridad para la comunidad universitaria y la ciudadanía, más allá de la comunidad estudiantil, aunque así no lo parezca. Optaron entonces por “salvar las circunstancias” para “salvarse a sí mismos” y, consecuentemente, “salvar a la comunidad universitaria” y a la ciudadanía de nuestra entidad, pues todos en su conjunto somos víctimas de esta violencia estructural que nos abruma y que en “Caballo de hacienda” nos persigue cotidianamente tornándonos en “carne de cañón” y en una población vulnerable y vulnerada.
Para bien nuestro, esta narración no puede concluir en las acciones de protesta que realizaron las y los jóvenes estudiantes universitarios; tal vez, sin saberlo, bajo la egida de Buzz Lightyear, determinaron ir “al infinito y más allá” y construyeron organización, se constituyeron en un organismo que verdaderamente representa los intereses y necesidades de los estudiantes y no sólo de unos cuantos, como lo hace la FEUM; de la misma manera tomaron la instalaciones del campus Chamilpa y algunas unidades académicas que se encuentran fuera de esta área y obligaron a las autoridades universitarias a “dialogar” con el Movimiento de Resistencia Estudiantil y, ante todo dentro de la legitimidad, reconocer como representante legítimo y único de este movimiento al denominado literalmente Movimiento de Resistencia Estudiantil. Desde luego, la fuente original de este movimiento no quedó al margen de los puntos a dialogar y establecer acuerdos, fundamentalmente el de la seguridad dentro de todas y cada una de las unidades académicas de la universidad. Naturalmente, como es de esperar, no podía quedar fuera de estos acuerdos el acuerdo explícito por parte de las autoridades universitarias de no instrumentar en el corto, mediano o largo plazo acciones de represión académica, administrativa o judicial en contra de las y los jóvenes universitarios que participaron de esta amplia movilización o que sin haberlo hecho simpatizaran con la misma. Asimismo, y ello no es minúsculo, mantuvieron como principio del diálogo y la negociación: la transparencia; es decir, siempre se asumió el compromiso de que éste fuese público y abierto ante los diversos medios de información de modo tal que no quedaran “en lo oscurito” o “bajo la mesa” los puntos a tratar, los acuerdos y los compromisos, por otro lado, la invitación a la Asociación Permanente de los Pueblos de Morelos (APPM) y otras personalidades como testigos de honor abrió las puertas a la confiabilidad del diálogo.
Como podemos apreciar, este movimiento y organización, a diferencia de cualquiera otro que le preceda, ni proviene desde “arriba”, no fue impulsado por autoridad alguna, sea de dentro o fuera de la universidad, no obedece a partido político u organismo ajeno a la comunidad universitaria. Este movimiento y organización, por ello mismo, posee la legitimidad que necesitaría cualesquiera organización y movilización. Obedece a la sujeción de nuestro comportamiento y actividades, a la responsabilidad social, a los valores de la solidaridad y la congruencia, a los principios éticos de todo ser humano, en fin.
Ahora bien, haber mencionado al inicio de este texto a dos compañeras estudiantes de la UAEM asesinadas mediante actos feminicidas, las más recientes, cuyos nombres son: Kimberly Jocelin Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez, para algunos no justifica el origen y naturaleza de esta movilización, pues consideran que no es significativo el número y, si así fuera, consideramos que es suficiente uno de ellos; sin embargo esta violencia criminal toca a más miembros de nuestra comunidad y solo por mencionar a algunos refiero a: Aylin Rodríguez Fernández, Mafer Toledo Cervantes, Alberto Emiliano Sánchez López, Alejandro Medina Juárez, Francisco Emiliano Carmona Servín, Alejandro Chao Barona, Sara Rebolledo, Enrique Sánchez Salinas, María Laura Ortíz Hernández y Viridiana Anaid Morales Rodríguez. Según registra mi memoria, son los nombres de personas que tenían sueño, proyectos de vida, que dedicaban parte de su vida a la enseñanza y al aprendizaje, seres humanos que trascienden a las estadísticas y los números.
Es por ello que la ejemplaridad del movimiento organizado e impulsado por el Movimiento de Resistencia Estudiantil de la UAEM debe ser reconocida públicamente.
Hasta hora no puede asumirse como un “triunfo definitivo” el avance tenido, es un buen punto de partida, pero no el de llegada pues como hubiera escrito el poeta Walt Whitman:
“Hoy, antes del alba, subí a las montañas, miré los cielos llenos de luminarias y le dije a mi espíritu: Cuando conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: No, ganaremos esas alturas sólo para seguir adelante.”
