A mi estimado amigo y colega Dr. Jesús Ramírez-Bermúdez por haberme instigado o ¿provocado? a escribir este breve –eso espero— Ensayo.
“I think in narrative and historical terms” (Yo pienso en términos narrativos e históricos)
Oliver Sacks. On the Move.
PRESENTACIÓN. Debo, por principio de cuentas, contar a ustedes que la mañana del tres de febrero más reciente, al despertar, levantarme y revisar las noticias del día, encontré en la página que posee el Dr. Jesús Ramírez- Bermúdez, dentro de la red social de Facebook, su artículo que lleva por título “Un espejo abominable”, publicado en el diario La Razón (30.01.26), y que en éste nos comparte una reflexión con respecto a un extenso trabajo publicado en el diario The New Yorker,de la periodista Rachel Aviv (08.12.25) y que intituló “Oliver Sacks Put Himsel Into His Case Studies. What Was the Cost?” (“Oliver Sacks se involucraba personalmente en sus estudios de caso. ¿Cuál fue el costo?”) y adicionaba como subtítulo “The scientist was famous for linking healing with storytelling. Sometimes that meant reshaping patients’ reality” (“El científico fue famoso por vincular la intervención clínica con la narración de historias clínicas. Algunas veces eso le demandaba modificar la realidad de los pacientes”).
Según nos cuenta el Dr. Ramírez-Bermúdez en dicha colaboración: “la periodista Rachel Aviv dio a conocer (…) los resultados de una inmersión en los diarios y las cartas privadas del doctor Sacks, quien (…según ella y sus fuentes…) confiesa en esos documentos que exageró y distorsionó algunos casos con fines estéticos (…) En los documentos referidos, el doctor Sacks reconocía que más de una vez había dado a sus personajes ‘poderes (empezando por el poder del habla) que no tenían’. Algunos personajes clásicos, como el hombre que confundió a su mujer con un sombrero, o los gemelos autistas capaces de generar de manera espontánea números primos de varios dígitos, al parecer fueron modificados en detalles clínicos relevantes para darle más impacto a las historias. En sus propios términos, algunos de estos detalles eran “invenciones” o “falsificaciones”.
Debo admitir que este tipo de asertos no son, de ningún modo, novedosos; ya en su momento (2008) el psicoanalista argentino exiliado y fallecido en México, Néstor A. Braunstein en su libro “La Memoria, La Inventora”, trascendiendo los 15 relatos que presenta en su libro “Memoria y Espanto” (2008) para mostrar la relación que existe entre la memoria y la invención, en tratándose de personajes tales como Cortázar, Borges, Piaget, García Márquez, Virginia Wolf, Canetti, Nabókov, Tolstoi o el mismo Freud (nótese la diversidad de personajes y trayectorias), y asumiendo que todos ellos se encuentran dentro del “género literario” no dudó, de ninguna manera, que ello pudiera ser muy “normal” y nada fuera de las dimensiones psicológicas, éticas o morales; sin embargo, Braunstein afirma que tras este recorrido de las “invenciones” existentes dentro del género literario se encontró con un “subgénero de la literatura, mitad fiction, mitad no fiction, que es el de los informes que los médicos tratantes redactan sobre los pacientes a los que les toca atender. (…) Tenemos entonces ‘casos’ que se integran a una nueva disciplina que Aleksandr Luria bautizó como ‘ciencia romántica’”. Para rematar este párrafo, Braunstein afirma que “‘los enfermos’ sobre los que él escribió y los casos ‘ficcionados’ por Freud o por Oliver Sacks se parecen a ciertas fábulas inventadas por Jorge L. Borges acerca de extraños avatares de la memoria. (… Para terminar concluye tajantemente…) El género del historial clínico pertenece a las invenciones de la memoria”.
DESARROLLO. Como puede deducirse de lo que se expuso en la introducción, lo que hoy reflexiona y nos comparte el Dr. Jesús Ramírez-Bermúdez no deriva –dijeran el buen Karl Marx o Lenin, de una “novísisma” luminiscencia que se muestra por encima de nuestras cegueras u oscuridades, ¡No!; todavía más, lo que deriva de ello trasciende a los personajes (trátese de Luria, Sacks, Martínez-Horta, Guillermo Lahera o el propio Jesús Ramírez-Bermúdez), en realidad se coloca ante el jurado ‘científico’, ‘ético’ ‘moral’ y ‘popular’ la credibilidad, la legitimidad y, naturalmente, la validez y confiabilidad de los estudios de caso y de las historias que derivan de una tradición sólida de la narrativa clínica. ¡Vamos! no solo van las personas a los “juicios mediáticos”, también va toda una tradición y una metodología.
En el capítulo cinco del texto de Braunstein, “La Memoria, La Inventora” cuyo título es “Aleksandr Luria Tres Novelas de la Memoria”, su autor expresa sin tapujos que: “Los médicos innovaron en la literatura creando, a partir aproximadamente de 1850, un género considerado menor, no destinado en principio a la difusión clínica, que es la ‘Historia Clínica’”.
Para realizar su “profundo” análisis, Braunstein muestra como primer referente el libro póstumo de Luria (1902-1977), “The making of mind: A personal account of Soviet psychology —que no “autobiografía”—, texto dentro del cual en los capítulos 7° “Disturbance of Brain Functions”, 8° “Neuropsychology in World War II”, 9° “Mechanisms of the Brain” y, sobremanera, en el 10° “Romantic Science”, presenta únicamente un esbozo somero y escueto de la cuestión relacionada con la neuropsicología[1]; asimismo, y ello es fundamental a la hora de los análisis, el propio autor del “libro póstumo” expresa, en el apartado 1° “Apprenticeship”, que más que ser una “autobiografía”, strictum sensu, es una exposición a través de sus vivencias, “perezhivanie”, con la cual trata de mostrar los orígenes y el desarrollo tanto de la psicología como de la neuropsicología soviéticas. ¡Vamos! el subtítulo del mismo libro es: “Personal Account of Soviet Psychology”.
Asumamos entonces que por su naturaleza y propósitos el libro en cuestión no tuvo como objeto de la narración la historia de vida del personaje o narrador, sino que se propuso, a través de sus vivencias y narraciones, compartir un historia de la Psicología Soviética bajo las circunstancias históricas, económicas y políticas que condicionaron sus orígenes y desarrollo. De esta manera, naturalmente que el “análisis crítico” de Braunstein no podía obtener de este material la información suficiente y verosímil sobre lo que pretendía conseguir para fundar sus asertos; por tal razón buscó a una tercera persona que le aportara tales materiales para sus fines, en este caso acudió a lo escrito por Oliver Sacks, en el prólogo de otro texto de A.R. Luria, “The man with a shateered world. The history of a brain wound” (1972), porque según sustenta Braunstein en su ensayo: “Oliver Sacks, el famoso neurólogo de Nueva York, nuestro contemporáneo, quien es entusiasmado admirador –si no discípulo o continuador— de A.R. Luria”, era su mejor y única alternativa. También destaco que pudiendo haber recurrido a Michael Cole y Sheila Cole, autores de la edición, introducción y epílogo del libro póstumo, no lo hizo o, al menos no los refirió en este punto.
Además de presentarnos la imagen de un Alexander Luria quien a la edad de 19 años se interesó por el psicoanálisis y, más todavía, en su libro “The Making of Mind” lo refiere, y sin temor alguno expresa que pudo estudiar, entre otros textos importantes de Sigmund Freud “La Interpretación de los Sueños” y, más todavía, algunos trabajos de Alfred Adler y Carl Gusrav Jung. Lo más novedoso para los seguidores de Luria era que fue literalmente fundador de la Asociación Psicoanalítica de Kazán, motivo por el cual el propio Freud le envió una carta reconociéndolo y “nombrándolo” representante de la Asociación Psicoanalítica Internacional en la URSS. Téngase presente que al haber nacido en el año de 1902 para ese tiempo contaba con una edad de 20 años. Asimismo, considérese que para 1917 triunfa la Revolución Rusa y nace la URSS con un nuevo proyecto de sociedad que impactó profundamente la actividad de los ciudadanos así como su proyección futura. Posteriormente (1924), su relación con Lev S. Vigotski le condujo a un distanciamiento teórico y metodológico con Freud ya desde 1925, cuando apenas contaba con 23 años.
Habiendo revisado el prólogo escrito por Oliver Sacks, Braunstein rescata algunos fragmentos en los cuales expresa ideas como la siguiente: “The notion of ‘Romantic Science’, wish hauntedhim from his earlier years, only found full expresión in the last year of his life, in his two extraordinary ‘neurologial novels’” (“La noción de ‘Ciencia Romántica’, que lo había perseguido desde sus primeros años, solo encontró plena expresión en el último año de su vida, en sus dos extraordinarias ‘novelas neurológicas’: The Mind of Mnemonist and The Man with a Shattered World”. Asimismo, en una nota al pie de página, Braunstein refiere de pasada un artículo escrito por Oliver Sacks y publicado en la revista británica Listener, junio 28 de 1973 y cuyo título es casi elegíaco: “The Mind of Luria”; a partir de aquí una relación epistolar Luria-Sacks se mantuvo hasta la muerte de Luria. Esta mismas nociones y postura fueron ampliamente desarrolladas por Sacks en el artículo del año 73 sosteniendo, a su vez que ese era el camino que él seguiría a lo largo de su vida científica y clínica. Por ello mismo considero que Braunstein, sin dudarlo, se valió de los escritos de Sacks para realizar sus análisis y críticas.
¿Cómo cierra su “juicio crítico” Néstor Braunstein, antes de plantear su conclusión? Sin más sustento que su enfoque teórico psicoanalítico, en su versión lacaniana y trotskista, expresa que estos asuntos de la memoria y el olvido, la “amnesia” y la “hipermnesia” como rasgos centrales y esenciales de los personajes principales de los dos textos, léase “novelas neurológicas”, son exactamente eso, unas novelas con las cuales trata de resolver los problemas derivado en su propia memoria y personalidad que se mantuvieron ocultos y guardadas en el cajón del escritorio y del “inconsciente”, para no tener problemas con el PCUS y con el “Estalinismo” y, naturalmente, consigo mismo. Es decir, que como lo hizo el músico soviético Dimitri Shostakovich (1906-1975), se ocultaba en un “falsa modestia”, en su renuncia a ser el “autor” del “The Man with a Shattered World”, además de centrar el tema en la perdida de la memoria, o sea “olvidar” lo que lo obligaba a la invisibilidad y que no podía –o quería— recordar, tratándose en realidad de un “mecanismo de defensa del ‘Yo’” la escritura de estas “novelas neurológicas”; y, una vez llegado el momento oportuno, gracias al impulso que le dieron Michael y Sheila Cole intentó escribir “La vida de un psicólogo soviético”, ese texto sí, autobiográfico, que finalmente se publicó de manera póstuma bajo otra modalidad y estilo y que decidió titular “The Making of Mind”, con una narrativa despersonalizada y más historiográfica.
Tomando como paradigmático el caso de Dimitri Shostakovich, mutatis mutandis, Braunstein finalmente considera pertinente colocar como subtítulo de la parte final de su capítulo 5°: “Luria, el Shostakovich de las neurociencias”, aunque al comienzo de este último apartado lo hubiera decidido como: “Luria, el Shostakovich del psicoanálisis”.
Braunstein sostiene que en realidad Luria era un psicoanalista reprimido por el PCUS y el “Estalinismo” de modo que lo hicieron “abdicar de sus primeros acercamientos al psicoanálisis”, postura que se muestra en su primer libro: “The Nature of Human Conflicts” (1932), libro en el cual incluyó una parte dedicada al estudio de los “conflictos emocionales intensos” así como las “reacciones afectivas” en asesinos y variados delincuentes, con estrategias de carácter experimental y fisiológico, además de haber fundado, como ya expuse la Asociación Psicoanalítica de Kazán. Asimismo fue severamente criticado tras sus estudios transculturales bajo el enfoque histórico-cultural, por ello mismo no los publicó hasta el año de 1974, en editorial Nauka, en ruso, y en 1976 se publicó la versión en inglés.
Como se encuentra documentado, el Instituto de Neurocirugía N.N. Burdenko fue cerrado en 1955 y con este hecho cerraron su laboratorio principal, “sugiriéndole,” que hiciera un juicio autocritico por sus estudios transculturales y “paidológicos” y que admitiera que era errónea su aproximación. Con la muerte de Stalin (1953) y el ascenso al Poder por Nikita Krushev, Luria fue “rehabilitado”. Algo similar ocurrió con Shostakovich, de ahí la idea de nombrarlo el “Shostakovich del Psicoanálisis”, primero, y luego el “Shostakovich de las Neurociencias”.
En conclusión, dice Braunstein: “Al margen de la existencia real o ficticia de los casos que dieron lugar a los dos libros (… que se comentan …) ambos no son sino encarnaciones complementarias del propio Luria. Disfraces de una aventura singular. ‘Autobiografías clínicas ajenas’, diríamos”. Léase así: “Para dar cuenta de su itinerario secreto él hace públicas estas dos memorias” que habla más de él que de sus pacientes, entre líneas, claro está.
EL CASO OLIVER SACKS. Ahora bien, abordando la cuestión que dio origen a este, ya no tan breve, ensayo, debo decir que a pesar de lo que pudiera suponerse, no dejó de sorprenderme el carácter de la nota publicada por el New Yorker y escrita por Rachel Aviv; sin embargo, habiendo leído previamente –hace ya algunos años— el trabajo referido de Néstor Braunstein, tampoco me pareció un asunto novedoso. Ya hubo, y claro que las hubo, críticas a este enfoque o postura expuestas por el Psiquiatra estadounidense Arthur K. Shapiro, el sociólogo y activista británico Tom Shakespeare y el investigador japonés Makoto Yamagucchi, entre otros más, por las siguientes razones:
- Se afirma que esta metodología y aproximación carecen de “rigor científico” y validez de los casos.
- Se sostiene que adolece de un “reduccionismo inverso”, es decir, que se da una “romantización” excesiva d ellos casos y se edulcoran los mismos.
- Se asegura que hay una dependencia “excesiva” de los estudios de caso y de los métodos cualitativos.
- Se le critica la falta de “generalización” y el desprecio o rechazo al “rigor cuantitativo”.
- Se dice que hay una “explotación” y “freak show” con los casos. Por ejemplo, Tom Shakespeare califica a Oliver Sacks como “El hombre que confundió a sus pacientes con una carrera literaria”.
Si trato de sintetizar las críticas más comunes puede decirse que “Oliver Sacks, fue un gran divulgador humanista, pero no un científico estricto; su ‘Ciencia Romántica´ sacrifica la objetividad y la replicabilidad –criterios ineludibles de la labor científica— suplantándolos por la narrativa, la empatía y la memoria sostenida en notas y apuntes o diarios clínicos”.
En tratándose de la más reciente ¿crítica?, ¿revelación?, ¿acusación?, qué sé yo, publicada por Rachel Aviv, más allá de las críticas directas que he enunciado bajo los preceptos de la ausencia de “objetividad”, “replicabilidad”, “rigor científico”, “generalización” y la tan cacareada “fundamentación en evidencias” de sus narrativas, ahora, sin haberlo sospechado los lectores de la nota, se dio un “triple salto de la muerte”, sin red, hacia los linderos de las dimensiones ética o moral, hecho que coloca al Dr. Oliver Saks en el banquillo de los acusados y, de refilón, vuelve a colocar en la picota de los juicios y suplicios a la “ciencia romántica”, los estudios de caso y longitudinales y, sobremanera, la narrativa de las “historias clínicas” y las aproximaciones cualitativas.
¿Oliver Sacks mintió o trató de engañar a quienes le leen, a la autodefinida “comunidad científica”, a los familiares y cuidadores primarios de las personas que forman parte de sus narrativas, así como también a ellas mismas?
¿La soberbia, vanidad, intereses mezquinos y económicos son la base que sustenta estas “variaciones narrativas” que modifican –sustancialmente o no— los hechos y las condiciones de los personajes?
¿Debemos asumirnos como jueces, pastores, sacerdotes o psicoanalistas que juzgan, califican, condenan o analizan e interpretan el contenido oculto de los actos del Dr. Sacks?
Veamos con serenidad los hechos y las circunstancias.
Oliver Wolf Sacks (1933-2015) publicó dos libros, esos sí “autobiográficos”; a saber: Uncle Tungsten (2001) y On The Move (2015). El primero aborda los periodos de la infancia y la adolescencia, mientras que el segundo trata su juventud, formación y desarrollo hasta prácticamente sus 80 años. Posteriormente, de manera póstuma, Lawrence Weschler publicó un libro cuyo título es And How Are You, Dr. Sacks? Y adiciona como subtítulo A Biographical Memoir of Oliver Sacks (2019); este último trabajo biográfico, que no autobiográfico, es escrito por un personaje que por tres décadas conoció y entrevistó consecutivamente al Dr. Sacks, este personaje curiosamente trabajaba para el diario The New Yorker, y cuando se encontraba al borde de su muerte, el propio Dr. Sacks le pidió que concluyera su biografía que estaba en suspenso por razones que el mismo Oliver Sacks consideraba importantes en esos primeros momentos.
En el principio de este libro el autor expresa los siguiente: “Durante los cuatro años de principios de los ochenta que pasé en su compañía, a menudo casi continua, Oliver Sack se refería a sí mismo como un ‘ontólogo clínico’, con lo que llegué a entender que se refería a un médico cuya práctica en relación con sus pacientes giraba en torno a la pregunta: ¿Cómo estás? Es decir, ¿Cómo eres? Pues, como él había llegado a comprender: Ser es Hacer”.
Pues bien, con base en la revisión de estos tres libros sustento lo que enseguida expongo.
En su libro, su segundo autobiográfico, On The Move (2015), el propio Dr. Sacks, en el capítulo dedicado a Awakaenings manifiesta que en el año de 1970 comenzó a escribir sobre las personas sobrevivientes de la epidemia de Encefalitis Letárgica (1917-1928) y, curiosamente, el director de The Lancet aceptó publicar cuatro cartas sobre este asunto; sin embargo su jefe hospitalario le preguntó: “¿por qué publicar en Inglaterra si está en Estados Unidos? (…Publica …) no estas cartas sobre casos individuales, sino un estudio estadístico de todos los casos y de cómo les va”.
Ese mismo año, la revista estadounidense Jama publicó una carta del Dr. Sacks que obtuvo como respuesta un silencio absoluto y una condena masiva por parte de grupos médicos. Ello le condujo, según expresa el mismo Dr. Sacks a pensar que: “(…) Sabía que tenía algo muy importante que decir, pero no veía la manera de decirlo, de mantenerme fiel a mis experiencias, sin renunciar a la ‘publicabilidad’ médica o aceptación entre mis colegas (…)”.
Ciertamente, desde el año de 1958 hasta 1968, además de haber escuchado al propio Luria impartir una charla en Londres sobre el desarrollo del lenguaje en unos gemelos (tema contenido en un libro publicado junto con F. Ia Yudovich, titulado Lenguaje y Desarrollo Intelectual en el Niño), ya de regreso en Nueva York, leyó ávidamente Las Funciones Corticales Superiores del Hombre, El Cerebro Humano y los Procesos Psíquicos y La Mente del Mnemónico; con respecto a este último libro llegó a pensar que se trataba de una novela, pero al avanzar en la lectura del mismo se percató de que era un historial clínico. Y agrega sin temor alguno: “La empresa de Luria –combinar lo clásico y romántico, la ciencia y el relato— se convirtió en la mía propia y su ‘librito’, como él lo denominaba siempre (La Mente del Mnemónico sólo tiene 160 páginas), transformó el foco y la dirección de mi vida, y me sirvió de ejemplo no solo para Despertares, sino para todo lo que he escrito”.
Habiendo escrito y publicado su libro Migraña (1971) con una excelente recepción y publicidad ahora tenía frente a sí mismo concluir el próximo texto, Despertares (1973). Durante la confección de despertares Wystan H. Auden, quien por cierto escribió una reseña del su libro Migraña, durante la redacción de Despertares, acompañando a Oliver Sacks con la lectura y críticas a su nuevo proyecto le dijo: “Vas a tener que ir más allá del aspecto clínico (…) Tendrás que ser metafórico, místico, lo que haga falta”, según nos cuenta el propio Dr. Sacks.
Según nos narra, el 28 de junio de 1973 (día de publicación de Despertares), The Listener publicó una reseña de Despertares escrita por Richard Gregory y, además, el artículo que escribió sobre Luria y que antes hube citado. A partir de entonces, un mes más tarde el mismo Luria comenzó una relación epistolar con Oliver Sacks.
Muestro el comentario de A.R. Luria al libro Despertares:
“Mi querido doctor Sacks: He recibido Despertares y lo he leído de un tirón y con gran placer. Siempre he tenido la certeza de que una buena descripción clínica de los casos desempeña un papel fundamental en la medicina, sobre todo en la Neurología y la Psiquiatría. Por desgracia, la capacidad de describir, que tan común era en los grandes neurólogos y psiquiatras del siglo XIX, ahora se ha perdido, quizá por culpa de un error básico: pensar que los dispositivos mecánicos y eléctricos pueden reemplazar el estudio de la personalidad. Su excelente libro demuestra que la importante tradición de estudiar los casos clínicos se puede revivir con un gran éxito. ¡Muchísimas gracias por este delicioso libro! A. R. Luria”
En Inglaterra, mientras tanto, según describe Sacks, se publicó una reseña en los siguientes términos: “Se trata de un libro asombroso, tanto más cuanto que Sacks habla de pacientes inexistentes, en un hospital inexistente, pacientes con una enfermedad inexistente, porque en la década de 1920 no hubo ninguna epidemia”. Naturalmente que para publicar el libro tenía consentimiento de los pacientes y les cambió de nombre así como también al hospital.
Los propios pacientes, al ver la nota le dijeron: “Que nos vean, o la gente no se creerá lo que cuenta el libro”.
Aún y cuando hacia el año de 1975 comenzó a escribir el libro que inicialmente se titularía Reanimaciones, debido a una experiencia traumática que sufrió personalmente y que implicó para él perder la sensibilidad y la movilidad de una pierna, después de prácticamente diez años, hacia 1984, apareció la primera edición del libro que finalmente llevaría por título Con una sola Pierna; durante ese mismo periodo de tiempo 1975-1984, conoció y trabajó en el Hospital Estatal del Bronx, en el Pabellón 23, con sus pacientes y, luego, personajes, “autistas” John y Michael (el par de gemelos autistas que fueron diagnosticado con el Síndrome de Savant y famosos por su competencia para realizar cálculos matemáticos y con los cuales jugaba a calcular números primos), José (el muchacho talentoso con el dibujo), Nigel y Steve. Según dice Sacks, comenzó a escribir sobre ellos y logró terminar 24 textos.
Debido a la relación estrecha que mantenía con sus pacientes no faltaron conflictos con otros colegas, bajo esta condición narra que el Director del Pabellón, el Dr. Takemoto, lo visitó en su consultorio para decirle: “Corren rumores de que está abusando sexualmente de sus jóvenes pacientes”, indignado contestó que nunca se le ocurriría tal cosa y que recordara que “Ernests Jones, (… psicoanalista y biógrafo de Freud…), también fue acusado de abusar sexualmente de sus jóvenes pacientes (… por cierto con diagnósticos de ‘retraso mental’ y ‘trastornados’). Como reacción a estos rumores Ernest Jones abandonó Inglaterra y se fue a Canadá”.
Por su lado, Oliver Sacks abandonó el Pabellon 23 y, según narra, “la noche de mi partida arrojé al fuego los 24 textos que había escrito. Había leído que Jonathan Swift, en un momento de desesperación, había arrojado el manuscrito de Los Viajes de Gulliver al fuego, y que su amigo Alexander Pope lo había recuperado. Pero yo estaba solo, y ningún Pope rescató mi libro”.
Paralelamente, acompañado del joven médico Jonathan Cole, conoció los caso de una joven que como consecuencia de un enfermedad viral había perdido de repente toda la propiocepción y toda la sensación del tacto, desde el cuello para abajo; este caso fue incluido dentro del libro El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero (1985) con el título La Dama Desencarnada. También pudieron seguir y observar el caso de un paciente con Síndrome de Korsakoff y que el déficit de memoria le impelía a fabular, el caso del “Sr. Thmpson” que también se incluyó en El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero, bajo el título Una cuestión de identidad.
Como podemos comprender, los casos de los pacientes “autistas”, de “La Dama Desencarnada” y “Una cuestión de Identidad”, entre otros, fueron conocidos por Oliver Sacks entre 1975 y 1984 y para ser incluidos en el libro de El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero (1985) tuvieron que ser reelaborados con base en apuntes clínicos y la memoria del Dr. Sacks.
Las circunstancias bajo las cuales fueron escritos muchos de estos textos y de los pocos libros que comento en este no tan breve ensayo, con recursos tecnológicos distintos a los actuales y bajo un bloqueo académico y editorial en los Estados Unidos nos permiten comprender el hecho de que más allá de los juicios “a toro pasado”, de no ser por los editores británicos no hubieran sido publicados.
[1] Para quien desee profundizar el asunto de la “Ciencia romántica” puede revisar el texto de Hannah Proctor: Psychologies in Revolution, Alexander Luria’s “Romantic Science” and Soviet Social History. Palgrave Macmillan. UK, 2020.
