Saudade: Mitos y mitemas en torno a los Trastornos del Espectro Autista (TEA)

J. Enrique Alvarez Alcántara

31 de marzo del 2025

El miércoles próximo, 02 de abril, se conmemora el “Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo” según reza el acuerdo que estipuló este día para ello; ese día se iluminará de color azul un conjunto de espacios en distintas naciones del orbe para así “visibilizar” a las personas y familias que afrontan, de una u otra manera, un conjunto de barreras u obstáculos que dificultan, cuando no lo impiden, el ejercicio pleno de sus derechos fundamentales.

Como parece muy evidente, no basta con iluminar de azul los cielos y muros de edificios, hace falta aún mucho más, en este contexto me propongo precisar una serie de cuestiones que aún persisten en la representaciones colectivas o individuales sobre dicho espectro, y que dificultan su diagnóstico temprano y, desde luego, su atención acertada y oportuna.

Entre las barreras que deben ser derribadas enunciaba ya el conjunto de “representaciones sociales”, sean expresadas colectiva o individualmente, que se esparcen como “explicaciones” o “teorías implícitas” infundadas que, difundidas por diversos medios, confunden y evitan que un trastorno de esta naturaleza sea identificado tempranamente y atendido acertadamente.

Abordemos pues está cadena de Mitos y Mitemas con respecto a los Trastornos del Espectro Autista (TEA).

Primer Mito: La inexistencia de los Trastornos del Espectro Autista (TEA) y que estos son una invención de la Industria Químico Farmacéutica o de la Psiquiatría como instrumento de la primera.

Como es perfectamente conocido, la descripción de este trastorno, primero como síndrome y luego como trastorno, antecede histórica y cronológicamente a la administración de psicofármacos a los menores que adolecía este síndrome o trastorno.

Ya desde el año de 1925, la psiquiatra soviética Grunya Efimovna Sujáreva hizo una descripción de este trastorno de una menea muy semejante a la que años después el pediatra austriaco Hans Aspeger hubiera realizado. Asimismo, el médico alemán Leo Kanner, en el año de 1943 y, un año después, 1944, Hans Asperger, realizaron sus descripciones utilizando el término “Autista” en su clasificación.

Antes de estas descripciones se incluía este trastorno dentro del taxón “psicosis infantiles”, desde la segunda mitad del siglo XIX.

Es decir, este conjunto de trastornos sí existe y se le reconoce, al margen de su clasificación y denominación.

Segundo Mito. Sobre las causas, probables o definitivas de los Trastornos del Espectro Autista (TEA) y sus principales estrategias de intervención.

  • Mitema A. Las “Madres esquizofrenógenas”, “Madres congeladoras” o “Madres que se tornan en pechos malos”, está tríada de mitemas que encuentra sus orígenes en las pretendidas “explicaciones” de orientación psicoanalítica presuponen que la relación madre-hijo es la fuente original de esta “reacción de defensa”, de carácter psicológica y que se muestra como un “trastorno psicopatológico” de naturaleza psicótica. Este mitema presupone que la causalidad deviene de la madre promoviendo la aparición de un sentimiento de culpa en estas. Por otro lado, este supuesto prefigura la psicoterapia como estrategia principal.
  • Mitema B. Que los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son una “enfermedad”; luego entonces que puedes ser “curados” con procedimientos de dudosa fiabilidad o carentes de validez fundada en evidencias científicas, trátese de dietas, brebajes, magnetismo, equino-terapia, delfino-terapia, cano-terapia, o farmacoterapia.
  • Mitema C. Que los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son una consecuencia de haber administrado vacunas a los niños; entre ellas se mencionan las de la rubéola o el sarampión; estas suposiciones se basan en un estudio publicado en la revista médica Lancet, en 1998, que sugería una posible asociación entre la vacuna triple vírica SPR (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo. Sin embargo, este estudio fue ampliamente desacreditado y posteriormente retirado de la revista médica por considerarse un fraude.
  • Mitema D. Que todas las personas con algún Trastornos del Espectro Autista (TEA) son iguales y se comportan de manera idéntica; por ejemplo, que todas las personas con autismo no tienen empatía ni pueden relacionarse con otras, que se están balaceando de un lado al otro y que tienen “problemas de lenguaje”.
  • Mitema E. Por el contrario, que todas las personas con Trastornos del Espectro Autista poseen “facultades” extraordinarias, sean estas de memoria, actividades relacionadas con la ciencia u otras “competencias” sobresalientes.
  • Mitema F. Que todas las personas con autismo jamás podrán ser autónomas o independientes o que son agresivas y violentas, por ello hay que sobreprotegerlas o mantenerlas en encierro y vigilancia.
  • Mitema G. Que el autismo es únicamente un trastorno infantil.

Habiendo expuesto algunos de los Mitos y mitemas más difundidos, ahora cerraré este documento con una definición del autismo mediante un esquema.