Saudade

Presentación:

El compromiso poético con la verdad.

Febrero 24 del 2025

Igual que la campana / que el viento mueve / y suena / sin campanero, / palabra, / habla tú sola, / quítame a mí / de enmedio”.

Ángel González, Palabra sola.

He decidido, en principio, intitular la misma serie de ensayos que semanalmente se publicarán en este blog bajo el concepto de origen portugués Saudade que en una traducción libre pudiera ser comprendida como la expresión que denota un sentimiento muy cercano a la melancolía, pero no a la depresión; este sentimiento deviene de la distancia temporal o espacial de algo o alguien a quien se ama y que implica el deseo de abatir esa distancia, esa ausencia y, desde luego, refiere un anhelo o ilusión. Recurrentemente conlleva el saber reprimido de que aquello que se extraña quizás nunca volverá. Como es conocido, el escritor portugués Manuel de Melo (1660) definió este término de manera muy sintética como: “bem que se padece e mal de que se gosta” (bien que se padece y mal que se disfruta).

Pues bien, en muchas ocasiones, y ello puede ser constatado por cualquier ser humano, diversos eventos de nuestra vida cotidiana se encuentran dentro de ese espectro que abarca el padecer y el desear, o el anhelo; es por ello que más allá de la ambigüedad o imprecisión del propio concepto de Saudade, me propongo, deseo o anhelo que estos textos sean buenos, breves y sustanciosos como hubiera dicho el “poeta de noble corazón y gran cabeza, Arturo” en el famosísimo Brindis del Bohemio, del bardo Guillermo Aguirre y Fierro, y que he decidido, en esta primera e inicial entrada, exhibirla como: El compromiso poético con la verdad.

Debo resaltar el hecho de que el término poético, bajo su etimología griega de poiesis, tiene un sentido de creación, de hacer algo, de concebir, en fin…; tal vez por ello no refiero aquí y en este caso el significado restringido de poesía, como el género literario escrito en verso o en prosa, sino en sentido amplio, es decir, lo reitero, como el acto creador de ideas, pensamientos, sentimientos sobre cualquier asunto. Quizás, siguiendo al filósofo francés Michel de Montaigne, con un estilógrafo el acto de escribir se torna en un diálogo y un batalla consigo mismo en torno a las dudas, las angustias, los sueños, los anhelos y temores, qué sé yo, y al compartirlos con otros, los otros que no son quien realiza el ejercicio libre del pensamiento y que, estén de acuerdo o no con lo escrito, pueden valorar o criticar y compartir, centrados en el contenido del texto y no únicamente en quien escribe; como también es sabido este estilo o genero de escritura es conocido como ensayístico.

Como comprenderán quienes lean recurrentemente esta serie sucesiva de Ensayos Saudade no serán textos amplios y profundos, eruditos ni, mucho menos, anatemas dogmáticos; serán, eso sí, ejercicios libres del pensamiento personales que, bajo ninguna circunstancia, podrán ser divorciados de nuestro contexto histórico-cultural y político-económico, en este sentido, anclados dentro de ese cuadro, en varias ocasiones se citarán algunas fuentes o referencias de las cuales el autor se sirve, empero no tendrán pretensión alguna de carácter académico.

Por ello mismo, como lo asumo aquí, este acto de escribir oscilará entre lo personal y lo colectivo, elementos inseparables y, como se expresa en el epígrafe, la palabra me permitirá crear mensajes que conllevan un compromiso ineludible con los principios más elementales de la ética y de la sujeción irrestricta con la verdad en todo momento.

He aquí un verdadero problema: ¿Cómo entendemos o definimos la categoría de verdad? ¿Es que acaso la verdad se encuentra fuera de nosotros, esperando a que la hallemos y la mostremos como divisa de nuestro pensamiento y escritura? Tratar de asegurar un compromiso irrecusable de nuestro conocimiento, pensamiento o escritura con la verdad, nos demanda, sin duda, una aproximación verosímil con lo que es la verdad.

Nuevamente lo expreso: he aquí la cuestión. Si el conocimiento de lo real –sea objetivo o subjetivo o, aún más que paradójico, sea objetivo y subjetivo a la vez como lo son la conciencia, el pensamiento o el conocimiento de lo real— implican una apreciación fenomenológicamente obvia de una triada inseparable –un sujeto cognoscente, un objeto cognoscible (lo real) y, como consecuencia de la relación entrambos, el conocimiento o el pensamiento (SC-OC-C)— para algunos materialistas mecanicistas o positivistas, y para quienes les sigan, parecerá evidentísimo que “sólo lo real es lo verdadero” y si “lo real” se encuentra fuera del sujeto cognoscente, o sea, es el objeto de conocimiento, ergo dicho objeto, por ser “lo real” es “lo verdadero”, es decir “lo real es la verdad”.

Esta apreciación, no dudo ello, reduce “la verdad” a “lo real” que se halla fuera del sujeto cognoscente y, aún más, elimina al sujeto cognoscente y al producto de la actividad, a saber, el conocimiento.

Ahora bien, si el sujeto que conoce y el conocimiento de lo real también existen, además de “lo real” como objeto de conocimiento, debemos asumir el hecho de que la interacción triádica es activa y considerando que el sujeto cognoscente construye activamente las “representaciones de lo real”, debemos asumir también que éstas que han sido construidas activamente a lo largo de la historia de la humanidad, además de las que como sujetos cognoscentes construimos, son también parte de “lo real”, por ende, la relación entre esta realidad denominada conocimiento, realidad que se torna en objeto cognoscible, es además de real, y por ello objeto de valoración sobre su carácter de conocimiento verdadero o falso.

Si bien, antes expresé que este ejercicio libre de mi pensamiento y escritura es personal y subjetivo –porque se halla dentro de mí como sujeto cognoscente— también considero que contiene, por el hecho de formar parte de un condicionamiento histórico-cultural, una dimensión colectiva, esto es, que lo que pienso y escribo no es una secreción de mi cerebro al margen de la dimensión sociocultural e histórica es, desde luego, una representación con la cual intento construir un modelo comprensivo de “lo real”, sea objetivo, subjetivo o ambos y, naturalmente, es deseable que estas representaciones o modelos comprensivos y explicativos de “lo real” sean lo más fielmente posible parecidos a “lo real” porque tampoco lo suplantan.

Ni la verdad es una construcción del sujeto ni está fuera del sujeto de la actividad; ésta resulta de la actividad práctica del sujeto con respecto al objeto de conocimiento y el resultado de esta actividad será objeto de juicio de valor sobre su carácter de veracidad o falsedad.Es este mi compromiso.

Es este mi compromiso.